domingo, 20 de octubre de 2013

Una cena con alimentos terrestres, esenciales, afectivos

Pica a la puerta una vecina y amiga (orden cronológico) que si bien siempre me ha cuidado, últimamente me mima, me consiente.

Pica justo el día en que llego a casa muy cansada, con un estrés encima que no puedo con él, ni siquiera he hecho la compra. Tengo pan en casa y pienso cenar pan con algo o directamente pan con pan, que no, no es comida de tontos!

Pica y me acerca un platito con un cacho de queso – de cabra me dice, de Murcia, artesano, verás, muy bueno -, un poco de “codonyat” - membrillo que hace ella misma con los membrillos del pueblo – y 4 higos frescos, también de su propia cosecha, la casita en el Delta.
Alimenta los ojos, los ánimos, calienta el corazón… y será delicioso! Son manjares de dioses, o sea, de diosas, son alimentos terrestres esenciales. Me siento feliz y agradecida.

Me siento y como, saboreo cada bocado, qué suerte que me quedara de ese pan tan bueno de espelta y centeno… Y ese inconfundible sabor de fondo de la amistad!

El momento me remite a otro que viví hace muchos años en Marruecos, en un pueblecito más allá de Marrakech. Les pregunté a unas campesinas a qué hora pasaba el autobús de vuelta a Marrakech y faltaba mucho tiempo. Me invitaron a tomar té en su casa, una casita de barro, el té, por supuesto, verde y a la menta. Y me acercaron un platito con almendras frescas de su jardín, una rebanada del pan que acababan de cocer y un poco de mantequilla casera también, deliciosa, todo delicioso. 

Me acuerdo de la felicidad que sentí y de la conciencia que tuve del hermoso regalo que me hacían, esas “nourritures terrestres”, esas  “nourritures essentielles”, lo pensé en francés, lo de terrestres, por André Gide*, por los años del Instituto, y aunque la novela-poema de Gide no tuviera nada que ver con las almendras, el pan, la mantequilla todavía me acuerdo de esa escena así, con estos términos.


Los ingredientes más potentes fueron, claro, la hospitalidad, la amabilidad, “l’accueil”. Para el queso, el membrillo y los higos, ídem! Unas "nourritures affectives” diría Boris Cyrulnik**.

Ahora, escribiendo para este blog, echo de menos una foto del platito de mi amiga, una composición bonita además de apetitosa. Pero, no, no hay foto, me lo zampé todo todito, religiosamente sin pensar...

Gracias Pilar, y cuando tenga mi casa en condiciones, lo dicho, un buen té de los míos, que lo sé, gustan tanto a mis amigas y mi tarta especial de manzana, la que lleva canela, jengibre y... algún ingrediente más (una guarda su secreto así la tarta es un poco más única!)

*André Gide: (1869-1951) escritor francés, premio Nobel de literatura en 1947, publica Los alimentos terrestres ( o alimentos terrenales) en 1897. Comienza con los simbolistas para centrarse luego en la libertad individual y la responsabilidad.

**Boris Cyrulnik: (1937-) neurólogo, psiquiatra y psicoanalista francés, apasionada de resiliencia y felicidad (principales temas de su obra)

Hasta pronto! Muriel

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